!Señor tengo sed
de tí !
“Como anhela la cierva
estar junto al arrollo, así mi alma desea Señor estar contigo. Sediento estoy de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo iré a contemplar
el rostro del Señor?” Salmo 42,1-3
El
deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre (género humano) porque fué creado por El y para El. De la misma manera
que la cierva busca la seguridad y el agua, así nuestra alma (sepámoslo o no) busca incesantemente experimentar
una dimensión mas profunda de comunión con su Creador. Cuando se da este encuentro, es practicamente inexplicable, no
se puede describir con palabras lo que se vive, sin ese encuentro no hay plenitud.
San
Agustín lo expresó con una frase célebre"Tu nos hiciste para Tí Señor, y nuestro corazón no estará tranquilo hasta que no
descanse en Tí".
Solamente
un pequeño porciento de personas experimenta este tipo de intimidad con Dios, porque se necesita la gracia de poder acoger
en la fe esa revelación.
En
lo natural el cuadro de la cierva (Venao hembra) es agonizante cuando la van siguiendo los predadores. Desesperadamente huye
buscando refugio. Cuando entra en el agua, el predador no puede detectar su olor y seguirla. Además de encontrar refugio contra
sus enemigos, también sacia su sed. Por nuestra parte, nos cansamos de todo, no hay amor humano que nos llene plenamente,
pues siempre se cierne sobre él la sombra de la separación, la desepción o la muerte. Solo nos satisface quien es fuente de
agua viva y no cisterna agrietada.
La vida espiritual es un proceso que envuelve compromiso, sed y búsqueda.
David escribió en el Salmo 63,1-2 “Oh Dios tu eres mi Dios, a ti te busco, tengo sed de ti.
En pos de ti mi carne languidece, cual tierra seca, sedienta sin agua. Por eso vine
a verte en el Santuario para admirar tu gloria y tu poder. Pues tu amor es mejor que la vida, mis labios tu gloria cantarán”.
La verdadera intimidad con Dios solo se encuentra “bajo el poder del Espíritu Santo”, hay un lugar de profunda
unción, profunda presencia y profunda intimidad con Dios todo Poderoso, donde “lo profundo llama a lo profundo”
donde “el Espíritu Santo llena nuestra alma espiritual”, se vuelven uno solo. Este lugar, además de la Eucaristía
que es el alimento principal del cristiano, se encuentra "En la oración de adoración".
Te lleva a un plano espiritual que es tan puro que toda parte de tu ser es consumida por la presencia del Dios
Vivo. Un lugar profundo donde hay perfecta comunión entre tu ser y toda la dimensión de la presencia de Dios que puedas aguantar.
Tu alma es inspirada, motivada, movida llegando a un despertar en el espíritu
nunca antes soñado. “Lo profundo llama a lo profundo”.
Estando como la cierva buscando constantemente la corriente de agua viva,
llega el momento que las palabras se vuelven inadecuadas, no salen, páras de pedir. Solo tu corazón puede hablar explotando
en adoración. Hay una perfecta armonía, perfecta unidad.
Mientras te sumerges en Su grandiosa presencia, tu espíritu comienza a sentir Su compañía, se comienza a sentir Su
amistad, Su amor, Su protección. Entonces dices. ¡Oh Señor que te conozca, no por las cosas que me das, o por lo que me impartes
(enseñas, instruyes, revelas), solo por Ti, amo Tu presencia!
De esta manera el Señor va a estar contento con nuestra entrega y no tendrá que reprocharnos como lo hizo con la Iglesia
de Efeso (Ap 2,1-4) “Pero tengo algo en contra tuya y es que has perdido tu amor del principio”.
Mi alma tiene sed de Ti. Del Dios Vivo. Eres todo lo que necesito
y quiero, Padre, Eres más grande que lo grande, más ancho que lo ancho. En Tu Hijo Jesús encuentro esperanza y sanación. Tu
amor es más profundo que lo profundo. !Eres tan fuerte!, cuando estoy débil me fortaleces, cuando estoy fuerte me sacias.
Eres el deseo de mi corazón. Por eso adoro Tu Nombre Santo. Gracias por mi amado “el Espíritu Santo” que me enseña
a amarlos y a amar.
Querido lector cuando llegas a esta intimidad con Dios, El
hace caer sobre tí unción, un diluvio de amor, paz, gracia, favor, te sientes seguro, protegido. Mi deseo es igual al
del Apóstol Pablo "Que les ilumine la mirada interior, para apreciar la esperanza a la que han sido
llamados por Dios, la herencia tan grande y gloriosa que reserva Dios a sus santos y la fuerza incomparable con que actúa
en favor de los que creemos" (Efesios 1,18-19). No te conformes con menos.
!Glorias sean dadas al Dios Vivo que sacia mi sed y mi copa
rebosa!
Miriam Gómez