“Ha llegado el Adviento” (tanto para mí como para muchos es la época
más hermosa del año)
El adviento, (latín: adventus Redemptoris, “venida del Redentor”) marca el inicio
del año litúrgico cristiano, que consiste en un tiempo donde los feligreses se preparan para celebrar la conmemoración
del nacimiento del Salvador. Y para renovar la esperanza en la segunda Venida
de Jesucristo, al final de los tiempos Parusía.
La corona de adviento es una tradición cristiana que simboliza el transcurso de las cuatro semanas de adviento en preparación para la Navidad. Consiste en una corona de ramas (generalmente de pino o abeto) con cuatro (o en ocasiones cinco) velas. Cada semana al encender una vela más,
debe acompañarse de la lectura de la Biblia, cantos y oraciones, hasta que la
semana anterior a Navidad las cuatro velas están encendidas. Algunas coronas de adviento incluyen una quinta
vela, la "vela de Cristo, Luz del Mundo",
que se enciende en Navidad. Esta tradición se observa tanto familiarmente como en los servicios religiosos.
La corona se puede llevar al templo para ser bendecida por el sacerdote.
· Término: Adviento viene de adventus,
venida, llegada, termina el 24 de diciembre por la mañana. Forma una unidad con la Navidad y la Epifanía.
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Color: El color de los ornamentos del altar y la vestidura
del Sacerdote es el morado igual que en Cuaresma, que simboliza austeridad y penitencia.
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Sentido: El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del
Señor.
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Duración: 4 semanas.
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Partes: Se puede hablar de dos partes del Adviento:
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Desde el primer
domingo al día 16 de diciembre, con marcado carácter escatológico, mirando a la venida del Señor al final de los tiempos;
· Desde el 17 de diciembre al 24 de diciembre, es la llamada "Semana
de Nochebuena", y se orienta a preparar más explícitamente la venida de Jesucristo, la Navidad.
Origen
La Corona
de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno para representar
al fuego del dios sol, para que regresara con su luz y calor durante el invierno. Los primeros misioneros aprovecharon esta
tradición para evangelizar a las personas. Partían de sus costumbres para enseñarles la fe católica.
Simbología
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La forma
circular: El círculo nos recuerda que Dios no tiene
principio ni fin, es eterno. También representa el ciclo in interrumpido de las estaciones.
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Las ramas
verdes: Verde es el color de esperanza y vida, y Dios
quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante
en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.
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Las cuatro
velas: Nos hace pensar en la oscuridad provocada por
el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza
de salvación que iluminó todo el universo como las velas de la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que
encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo. Son cuatro velas
las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia.
Hay quienes agregan manzanas rojas que representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al
mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal.
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El listón
rojo: representa nuestro amor a Dios y el amor de
Dios que nos envuelve.
Nuestra preparación:
Nuestra preparación no tiene que ser sólo litúrgica, sino también espiritual y
moral. Llama a la conversión del corazón y a la renovación de vida.
El tiempo de Adviento no es un tiempo de penitencia
al estilo de la cuaresma, que busca la conversión por el hecho de conocer el sacrificio de Jesús por nosotros en la cruz.
El Adviento es el tiempo favorable para emprender un cambio del corazón y para dar un nuevo y decisivo paso en nuestro
caminar espiritual, es conversión como preparación por la espera de Jesús. Cada semana el encendido de las velas debe ir acompañado de una virtud que hay que mejorar
en esa semana, por ejemplo: la primera, el amor; la segunda, la paz; la tercera, la tolerancia y la cuarta, la fe.
La figura de San Juan Bautista destaca de manera especial en adviento. Es un compañero
ideal, austero y gozoso a la vez. Su vida fue penitente en grado sumo, pero no resuena en ella nota alguna de tristeza.
Como heraldo y precursor del Señor, se regocijo al escuchar la voz de Jesús. Este es el único capaz de sacarnos de nuestra
propia complacencia. "¡Arrepentíos, el reino de los cielos está cerca!", gritaba.
I Domingo, la vigilancia
en espera de la venida del Señor. Fomentar la virtud del amor.
Durante esta primer semana las lecturas bíblicas y la predicación son una invitación
con las palabras del Evangelio: "Velen y estén preparados, que no saben cuándo llegará el momento".
Es importante que, como familia nos hagamos un propósito que nos permita avanzar
en el camino hacia la Navidad; ¿qué te parece si nos proponemos revisar nuestras relaciones familiares? Como resultado
deberemos buscar el perdón de quienes hemos ofendido y darlo a quienes nos hayan ofendido para comenzar el Adviento
viviendo en un ambiente de armonía y amor familiar. Desde luego, esto deberá ser extensivo también a los demás grupos de personas
con los que nos relacionamos diariamente, como la escuela, el trabajo, los vecinos, etc. Esta semana, en familia al igual
que en cada comunidad parroquial, encenderemos la primera vela de la Corona de Adviento, color morada, como signo de vigilancia y deseos de conversión.
II Domingo, la conversión, nota predominante de la predicación de Juan Bautista. Dios nos
trae la paz.
Durante la segunda semana, la liturgia nos invita a reflexionar con la exhortación jubilosa del profeta Juan
Bautista: "Preparen el camino, Jesús llega" y, ¿qué mejor manera de prepararlo que buscando ahora la reconciliación con Dios? En la semana anterior nos reconciliamos con las personas que nos rodean; como siguiente paso, la Iglesia nos
invita a acudir al Sacramento de la Reconciliación (Confesión) que nos devuelve la amistad con Dios que habíamos
perdido por el pecado. Encenderemos la segunda vela morada de la Corona de Adviento, como signo del proceso de conversión que estamos viviendo.
Durante esta semana puedes buscar
en los diferentes templos que tienes cerca, los horarios de confesiones disponibles, para que cuando llegue la Navidad, estés
bien preparado interiormente, uniéndote a Jesús y a los hermanos en la Eucaristía. Reconciliados con los hermanos y con Dios.
III Domingo, el testimonio,
que María, la Madre del Señor, vive, sirviendo y ayudando al prójimo. Práctica de la tolerancia.
Coincide este domingo con la celebración de la Virgen de Guadalupe, y precisamente la liturgia de Adviento
nos invita a recordar la figura de María, que se prepara para ser la Madre de Jesús y que además está dispuesta a ayudar y
servir a quien la necesita. El Evangelio nos relata la visita de la Virgen a su prima Isabel y nos invita a repetir como ella:
¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme?
Sabemos que María está siempre acompañando a sus hijos en la Iglesia, por lo que nos disponemos a vivir
esta tercera semana de Adviento, meditando acerca del papel que la Virgen María desempeñó. Te proponemos que fomentes
la devoción a María, rezando el Rosario en familia, uno de los elementos de las tradicionales posadas, que inician
el próximo día 16. Encendemos como signo de espera gozosa, la tercera vela, color rosa, de la Corona de Adviento.
IV Domingo, el anuncio del nacimiento de Jesús hecho a José y a María. Virtud de la fe.
Las lecturas bíblicas y la predicación, dirigen su mirada a la disposición de la Virgen María,
ante el anuncio del nacimiento de su Hijo y nos invitan a "Aprender de María y aceptar a Cristo que es la Luz del Mundo".
Como ya está tan próxima la Navidad, nos hemos reconciliado con Dios y con nuestros hermanos; ahora nos queda solamente
esperar la gran fiesta.
Como familia debemos vivir la armonía, la fraternidad y la alegría que esta cercana celebración
representa. Todos los preparativos para la fiesta debieran vivirse en este ambiente, con el firme propósito de aceptar a Jesús
en los corazones, las familias y las comunidades. Encendemos la cuarta vela color morada, de la Corona de Adviento.
El día de Nochebuena se enciende las cuatro velas y la
vela blanca o cirio como símbolo de Cristo. Jesús nos enseña “Yo soy la luz del
mundo el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida” Juan 8,12. Nosotros unidos a Jesús también somos luz. “Ustedes son
la luz del mundo, ¿cómo se puede esconder una ciudad asentada sobre un monte?” Mateo 5,14.
Al celebrar la Iglesia el Adviento, te invita a meditar en la venida del Señor.
Esta venida se nos presenta en tres dimensiones:
· Adviento
Histórico.
Es la espera en que vivieron los pueblos que ansiaban la venida del Salvador. Va desde Adán hasta la encarnación, abarca todo
el Antiguo Testamento. Escuchar en las lecturas a los Profetas, nos deja una enseñanza importante para preparar los corazones
a la llegada del Señor. Acercarse a esta historia es identificarse con aquellos hombres que deseaban con vehemencia la llegada
del Mesías y la liberación que esperaban de él.
· Adviento
Místico.
Es la preparación moral del hombre de hoy a la venida del Señor. Es un Adviento actual. Es tiempo propicio para
la evangelización y la oración que dispone al hombre, como persona, y a la comunidad humana, como sociedad, a aceptar la salvación
que viene del Señor. Jesús es el Señor que viene constantemente al hombre. Es necesario que el hombre se percate de
esta realidad, para estar con el corazón abierto, listo para que entre el Señor. El Adviento, entendido así, es de suma actualidad
e importancia.
· Adviento
Escatológico. Es la preparación a la llegada definitiva del Señor, al final de los tiempos,
“Parusía” cuando vendrá para coronar definitivamente su obra redentora, dando a cada uno según sus obras. La Iglesia
invita al hombre a no esperar este tiempo con temor y angustia, sino con la esperanza de que, cuando esto ocurra, será para
la felicidad eterna del hombre que aceptó a Jesús como su salvador.
“Felicidades a todos, que Cristo reine en nuestros
corazones para siempre”.